ALTA TENSIÓN

Estados Unidos: Donald Trump plantea una "toma amistosa" ante el colapso de Cuba.

El mandatario estadounidense califica a la isla como una "nación fallida" y confirma contactos de alto nivel para gestionar la crisis. La propuesta surge tras un incidente armado en el Caribe que dejó un ciudadano de EE. UU. fallecido y un endurecimiento del cerco energético.

El Gobierno de Estados Unidos, encabezado por el Presidente Donald Trump, ha manifestado su intención de evaluar una "toma amistosa y controlada" de Cuba, argumentando que el país caribeño atraviesa una situación de insostenibilidad absoluta.

Según las declaraciones del Jefe de Estado, la administración republicana considera que la isla carece actualmente de recursos básicos como alimentos, combustible y solvencia financiera, lo que la sitúa en la categoría de Estado fallido.

En este contexto, el Secretario de Estado, Marco Rubio, ha sido designado para liderar las gestiones diplomáticas pertinentes para abordar lo que Washington define como una búsqueda de auxilio por parte de La Habana.

Esta postura oficial se hace pública en una semana marcada por la violencia en el Estrecho de la Florida.

El pasado miércoles, las fuerzas de seguridad cubanas interceptaron una lancha rápida con matrícula estadounidense cerca de Cayo Falcones, lo que desencadenó un tiroteo con un saldo de cuatro víctimas mortales y seis heridos.

Mientras las autoridades cubanas sostienen que se trataba de una incursión terrorista con hombres armados, el Departamento de Estado de EE. UU. ha iniciado una investigación independiente para esclarecer la muerte de su ciudadano y el origen de los disparos.

La presión sobre el régimen cubano no se limita al plano retórico; la Casa Blanca ha intensificado las restricciones al suministro de petróleo, amenazando con sanciones a terceros países que faciliten crudo a la isla.

Esta estrategia de asfixia energética ha exacerbado los apagones y la escasez, forzando un escenario donde el diálogo discreto entre ambas naciones parece ser la única vía de escape para evitar un colapso total.

Por el momento, la comunidad internacional observa con cautela este movimiento, que podría redefinir de manera permanente la soberanía cubana y la geopolítica de la región.