RÉPLICAS
California (Estados Unidos): una seguidilla de temblores reaviva la amenaza de un gran terremoto.
Una serie de movimientos sísmicos registrada el pasado 13 de agosto en el Área de la Bahía de San Francisco volvió a centrar la atención sobre la falla de Hayward, una de las estructuras geológicas más peligrosas de Estados Unidos por atravesar una de las regiones urbanas más densamente pobladas del país.
Una cadena de pequeños terremotos volvió a sacudir este jueves el Área de la Bahía de San Francisco y puso nuevamente bajo observación a la falla de Hayward, una de las fracturas geológicas que más preocupa a los especialistas estadounidenses.
Según los registros citados del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), cuatro movimientos sísmicos fueron registrados durante la jornada del pasado jueves 13 de agosto en la región. Las sacudidas fueron percibidas en distintos puntos del área metropolitana.

La actividad volvió a poner sobre la mesa un escenario que los científicos vienen estudiando desde hace décadas: la posibilidad de que la falla produzca un terremoto de gran magnitud en una zona donde viven millones de personas.
Una falla ubicada en el corazón de una región densamente poblada.
La falla de Hayward se extiende aproximadamente 120 kilómetros y atraviesa sectores urbanos de la Bahía de San Francisco.
Entre las ciudades situadas en su área de influencia se encuentran Oakland, Berkeley y Hayward, además de numerosas zonas residenciales e infraestructura estratégica.
Ese es precisamente uno de los principales motivos de preocupación.
La falla no se encuentra aislada en una región rural. Atraviesa carreteras, redes eléctricas, sistemas de abastecimiento de agua, infraestructura de transporte y áreas densamente pobladas.
Un terremoto importante podría provocar daños simultáneos en numerosos sistemas esenciales y complicar las tareas de emergencia.
¿Está "atrasada" la falla?
La última gran ruptura de la falla de Hayward ocurrió el 21 de octubre de 1868, cuando un terremoto estimado en alrededor de magnitud 6,8 produjo importantes daños en la región.
Desde entonces han transcurrido casi 158 años.
Los estudios históricos muestran que los grandes terremotos asociados con esta falla se han producido con intervalos variables. Algunas estimaciones ubican esos períodos entre aproximadamente 95 y 183 años.
Esto ha llevado a advertir que la falla se encuentra dentro de una ventana temporal considerada de riesgo.
Pero hay una aclaración fundamental: que una falla haya pasado mucho tiempo sin producir un gran terremoto no significa que pueda saberse cuándo ocurrirá el próximo.
Los pequeños sismos registrados ahora tampoco permiten afirmar que un terremoto mayor sea inminente.
El suelo podría amplificar las sacudidas.
Otro elemento que preocupa a los investigadores está relacionado con las características del terreno.
Modelos tridimensionales utilizados para estudiar la propagación de las ondas sísmicas muestran que determinadas cuencas sedimentarias pueden atrapar y amplificar parte de la energía liberada por un terremoto.
Esto significa que una misma magnitud sísmica puede producir efectos diferentes dependiendo de las características geológicas del lugar.
En algunas zonas de la región, esa amplificación podría aumentar considerablemente la intensidad de las sacudidas experimentadas en superficie.
El riesgo que anticipan los modelos.
Los estudios de riesgo sísmico utilizados por las autoridades estadounidenses consideran altamente probable que la región de la Bahía experimente un terremoto importante durante las próximas décadas.
Una de las estimaciones citadas ubica en alrededor de 95% la probabilidad de que ocurra un terremoto de magnitud 6,7 o superior en la región de la Bahía de San Francisco antes de 2053.
Ese porcentaje, sin embargo, no significa que exista un 95% de posibilidades de que el terremoto ocurra en los próximos días ni que los actuales temblores sean una señal de que el evento comenzó.
La diferencia es importante: la sismología permite calcular probabilidades de ocurrencia durante períodos determinados, pero todavía no puede predecir con precisión el día, la hora y el lugar exacto de un gran terremoto.
Una región que se prepara para el "Big One".
Ante este escenario, las autoridades de California recomiendan mantener preparados los planes familiares de emergencia, contar con reservas de agua y alimentos y revisar elementos estructurales de las viviendas.
La preocupación no está solamente relacionada con la magnitud de un eventual terremoto.
En una región densamente poblada, la infraestructura que resulte dañada y la cantidad de personas afectadas determinarán buena parte de las consecuencias.
Por ahora, los temblores de este jueves constituyen una nueva señal de la actividad sísmica permanente de California, pero no existe evidencia que permita afirmar que estos movimientos sean el comienzo de un megaterremoto.