NOCHES ABRUMADORAS
Buenos Aires (Argentina): duermen cada vez peor debido al calor provocado por el cambio climático.
Un estudio internacional de Climate Central analizó más de 1.300 ciudades y determinó que las temperaturas nocturnas elevadas hacen perder horas de descanso cada año. Buenos Aires aparece como la ciudad argentina más afectada, con 44 horas de sueño perdidas anualmente.
Dormir durante una noche de calor puede convertirse en una tarea difícil: ventanas abiertas, ventiladores funcionando y vueltas constantes en la cama son escenas cada vez más habituales durante los períodos de temperaturas elevadas.
Pero el problema no sería solamente una cuestión de comodidad.

Un estudio internacional elaborado por Climate Central concluyó que el aumento de las temperaturas nocturnas ya está provocando una pérdida concreta de horas de sueño y que una parte de ese fenómeno puede atribuirse directamente al cambio climático provocado por la actividad humana.
La investigación analizó 1.338 ciudades de todo el mundo y comparó las temperaturas registradas entre 2020 y 2025 con escenarios climáticos alternativos, para determinar cuánto del calentamiento actual está relacionado con las emisiones de gases de efecto invernadero y la deforestación.
Según el informe, una persona promedio perdió durante ese período cerca de 56 horas de sueño por año debido a las temperaturas nocturnas elevadas. Más de seis de esas horas estarían directamente relacionadas con el calentamiento global provocado por la actividad humana.
El fenómeno también se observa en Argentina. Buenos Aires, la ciudad argentina más afectada.
Entre las ciudades argentinas analizadas, Buenos Aires registra la mayor pérdida de horas de sueño asociada al calor nocturno.
El estudio calcula que sus habitantes pierden, en promedio, 44 horas de descanso por año debido a las altas temperaturas durante la noche.
De ese total, aproximadamente cuatro horas anuales estarían directamente vinculadas al cambio climático.
Otras ciudades argentinas también presentan pérdidas importantes. Rosario registra alrededor de 38 horas de sueño menos por año, San Miguel de Tucumán unas 39 horas, Córdoba 34 y Salta 27.
El fenómeno adquiere una dimensión mayor cuando se lo observa a escala regional. En América Latina, algunas ciudades registran pérdidas de hasta 93 horas de sueño anuales relacionadas con las temperaturas nocturnas.
Barranquilla, en Colombia, y Acapulco, en México, aparecen entre las localidades más afectadas, con cerca de 93 horas perdidas. Cancún y Cartagena también presentan valores cercanos a las 91 horas anuales.
¿Por qué el calor afecta tanto al sueño?

El organismo necesita reducir su temperatura interna para iniciar y mantener correctamente el sueño. Cuando las temperaturas permanecen elevadas durante la noche, ese proceso se vuelve más difícil.
La situación se agrava cuando las viviendas no cuentan con sistemas adecuados de refrigeración o cuando el calor acumulado durante el día permanece dentro de los edificios durante la noche.
En las grandes ciudades aparece además el denominado efecto de isla de calor urbana. El asfalto, el hormigón y las construcciones absorben calor durante el día y lo liberan lentamente durante la noche, haciendo que las temperaturas nocturnas sean más elevadas que en áreas rurales o con mayor presencia de vegetación.
El estudio señala que el impacto del calentamiento global sobre la pérdida de sueño se duplicó desde comienzos de la década de 1970 en 1.335 de las 1.338 ciudades analizadas.
El problema también puede afectar la salud.
La pérdida de horas de descanso no necesariamente termina cuando comienza el día siguiente. Los especialistas advierten que dormir menos y peor de manera repetida puede repercutir en la salud física y mental.
Entre las consecuencias asociadas aparecen el aumento del estrés y la fatiga, dificultades para concentrarse y un posible agravamiento de problemas de salud preexistentes.
La investigadora en clima y salud Rita Issa señaló que el sueño es fundamental para el bienestar físico y mental y que los períodos de calor extremo pueden convertirse en uno de los primeros factores en alterar el descanso.
La vulnerabilidad tampoco es igual para toda la población.
Adultos mayores, niños pequeños, mujeres, embarazadas y personas con menores ingresos pueden estar especialmente expuestos a las consecuencias de las noches calurosas.
En este último grupo influye además el acceso desigual a sistemas de refrigeración. Mientras algunas viviendas cuentan con aire acondicionado, otras dependen exclusivamente de ventiladores, ventilación natural o incluso carecen de recursos suficientes para reducir la temperatura interior.
Los resultados del estudio muestran así que el cambio climático no solamente está modificando las temperaturas promedio o aumentando la frecuencia de episodios extremos. También puede estar alterando una actividad tan cotidiana como dormir.
Y en ciudades como Buenos Aires, donde las noches cada vez más cálidas se combinan con el efecto de isla de calor urbana, esa pérdida acumulada de descanso ya puede medirse en decenas de horas por persona cada año.