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Edgar Morin (Francia): murió a los 104 años el intelectual que dedicó su vida a explicar la complejidad del mundo y admiraba a Uruguay.

El filósofo, sociólogo y pensador francés falleció en París tras una trayectoria que atravesó más de un siglo de historia. Combatió al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, influyó en generaciones de alumnos, lectores, docentes e investigadores y desarrolló el "pensamiento complejo", una de las corrientes intelectuales más influyentes de la era contemporánea. Su legado también caló una profunda huella en nuestro país.

La muerte de Edgar Morin, ocurrida el 29 de mayo en París a los 104 años, marca el final de una de las trayectorias intelectuales más extraordinarias de los siglos XX y XXI.

Su vida se extendió durante más de un siglo y estuvo ligada a algunos de los acontecimientos más trascendentes de la historia moderna: la Segunda Guerra Mundial, la reconstrucción europea, la Guerra Fría, la globalización, la revolución digital y los desafíos que enfrenta actualmente la humanidad.

Aunque su nombre puede no resultar familiar para todos los lectores, pocas figuras ejercieron una influencia tan amplia en la educación, la sociología, la filosofía, la comunicación y las ciencias humanas.

Durante más de setenta años escribió, investigó, enseñó y debatió sobre los grandes interrogantes de la condición humana, convirtiéndose en una referencia ineludible para universidades y centros de investigación de todo el mundo.

Un niño marcado por la pérdida y un joven que combatió al nazismo:

Edgar Nahoum —su nombre original— nació el 8 de julio de 1921 en París (Francia), en el seno de una familia judía sefardí.

Su infancia estuvo profundamente marcada por la muerte de su madre cuando tenía apenas 10 años; una experiencia que él mismo reconocería posteriormente como una de las heridas que más influyeron en su forma de comprender la vida, el sufrimiento y la fragilidad humana.

La irrupción de la Segunda Guerra Mundial transformó definitivamente su destino:

Durante la ocupación alemana se incorporó a la Resistencia francesa y participó activamente en la lucha clandestina contra el régimen nazi.

Fue en aquellos años cuando adoptó el apellido Morin, que inicialmente utilizó como nombre de combate y que luego conservaría durante toda su vida.

Aquella experiencia lo acompañó para siempre.

Haber visto de cerca el avance del totalitarismo, la guerra y la destrucción lo llevó a desconfiar de las ideologías absolutas y de cualquier pensamiento que pretendiera ofrecer respuestas simples a problemas complejos.

Del comunismo a la independencia intelectual:

Como muchos jóvenes europeos de su generación, Morin se acercó al comunismo después de la guerra.

Integró el Partido Comunista Francés, pero con el paso de los años comenzó a cuestionar el estalinismo y las formas autoritarias que observaba dentro del movimiento.

Esa actitud crítica terminó provocando su alejamiento y consolidó una característica que marcaría toda su carrera: la independencia intelectual.

Nunca aceptó quedar encerrado en una corriente ideológica, una escuela filosófica o una disciplina académica.

Por el contrario, dedicó buena parte de su vida a cuestionar las fronteras que separan los distintos campos del conocimiento.

El creador del Pensamiento Complejo:

La idea que convirtió a Edgar Morin en una figura mundial nació de una observación aparentemente sencilla.

Mientras la ciencia, la política y la educación tendían a dividir la realidad en compartimentos cada vez más especializados, él sostenía que los fenómenos humanos funcionan como sistemas interconectados.

Para Morin, la economía no podía comprenderse sin la política; la política sin la cultura; la cultura sin la educación; la educación sin la historia; y la historia sin el contexto humano que la rodea.

A esa forma de interpretar la realidad la llamó "pensamiento complejo".

Su propuesta revolucionó las ciencias humanas porque cuestionó la fragmentación del conocimiento y defendió la necesidad de integrar saberes para comprender problemas como las guerras, las crisis económicas, los conflictos sociales, el deterioro ambiental o los cambios tecnológicos.

Más que una teoría académica, era una invitación a mirar el mundo de otra manera.

Una obra monumental que cambió generaciones:

La expresión más ambiciosa de su pensamiento quedó plasmada en "El Método", una obra desarrollada a lo largo de casi treinta años y publicada en seis volúmenes.

Considerada por numerosos especialistas del Globo como uno de los proyectos intelectuales más importantes de la segunda mitad del siglo XX, la colección integró aportes de la filosofía, la sociología, la biología, la antropología, la física y otras disciplinas para construir una nueva forma de entender el conocimiento.

Sin embargo, su influencia no se limitó a ese trabajo.

Entre sus libros más difundidos figuran "Introducción al pensamiento complejo", "Los siete saberes necesarios para la educación del futuro", "Tierra Patria" y "El hombre y la muerte", obras que continúan siendo estudiadas en universidades y centros educativos de distintas partes de la tierra.

Especialmente "Los siete saberes necesarios para la educación del futuro", elaborado en colaboración con la UNESCO, se transformó en una pieza de referencia para miles de docentes, educadores y educandos.

Mucho más que un filósofo:

Edgar Morin fue una figura difícil de encasillar.

Además de pensador, filósofo, escritor y sociólogo, investigó la cultura de masas, el cine, los medios de comunicación, la juventud, el amor, la muerte, la identidad, los movimientos sociales y las transformaciones culturales de la modernidad.

También fue uno de los intelectuales que analizó el Mayo Francés de 1968, fenómeno que cambió la vida política y cultural de Europa Occidental y cuya influencia continúa siendo objeto de estudio hasta el presente.

A diferencia de muchos especialistas, nunca se conformó con observar una sola parte de la realidad.

Su trabajo se caracterizó precisamente por conectar ámbitos que habitualmente se estudian por separado.

Un pensador adelantado a su tiempo:

Décadas antes de que conceptos como globalización, crisis climática o interdependencia dominaran los debates internacionales, Morin ya advertía sobre la necesidad de comprender los problemas desde una perspectiva planetaria.

Durante los últimos años popularizó la noción de "policrisis", utilizada para describir escenarios donde múltiples crisis —económicas, sociales, ambientales, tecnológicas y políticas— ocurren simultáneamente y se influyen unas a otras.

La pandemia, las guerras recientes, las tensiones geopolíticas y los desafíos ambientales terminaron reforzando la vigencia de muchas de sus reflexiones.

Incluso después de cumplir cien años continuó escribiendo, publicando libros y participando en entrevistas y debates públicos.

La relación de Edgar Morin con Uruguay:

Aunque desarrolló casi la totalidad de su carrera en Francia, Uruguay ocupó un lugar significativo dentro de la difusión latinoamericana de su pensamiento.

En su visita a Montevideo de abril de 1998, cuando participó en actividades académicas realizadas en el Paraninfo de la Universidad de la República, reunió a docentes, estudiantes e investigadores interesados en una obra que ya ejercía una fuerte influencia en los ámbitos universitarios de la región.

La importancia de aquella gira profesional quedó reflejada posteriormente en la publicación del libro "Edgar Morin en Montevideo", editado por la Facultad de Derecho de la Universidad de la República (UDELAR) y la Fundación de Cultura Universitaria (FCU).

Su vínculo con Uruguay continuó a través de universidades, centros de investigación y espacios de formación docente que incorporaron sus trabajos a programas de estudio vinculados con educación, sociología, filosofía y ciencias humanas.

En el departamento de Maldonado, el prestigioso profesor carolino de Educación Secundaria, Juan Carlos Iglesias, no sólo difundió las obras del precitado erudito, sino que también motivó a generaciones de estudiantes -a través de la cátedra y la práctica- para que pudieran "ver más allá" en cuanto a los paradigmas en base a la premisa de que "el orden y el desorden se articulan".

En el año 2021, al cumplir cien años, diversas instituciones uruguayas, entre ellas la Universidad de la República, la Universidad CLAEH, la Alianza Francesa de Montevideo, la Embajada de Francia y organismos vinculados a la UNESCO, realizaron reconocimientos y actividades especiales para destacar la vigencia de su pensamiento.

El legado de uno de los grandes humanistas contemporáneos:

A lo largo de más de siete décadas de producción intelectual, Edgar Morin publicó decenas de libros, recibió doctorados honoris causa en numerosos países y obtuvo algunas de las máximas distinciones académicas y civiles de Francia.

Sin embargo, quienes estudiaron su obra suelen coincidir en que su aporte más importante fue haber defendido una idea profundamente incómoda para cualquier época: que "la realidad rara vez admite respuestas simples".

En un tiempo marcado por la polarización, las simplificaciones y los discursos absolutos, Morin insistió en la necesidad de "comprender antes de juzgar", de conectar conocimientos en lugar de separarlos y de aceptar "la complejidad como una condición inevitable de la existencia humana".

Con su deceso, desaparece físicamente una de las últimas grandes voces intelectuales surgidas de la Europa de posguerra.

Su legado, sin embargo, permanece vivo y sus ideas continúan invitando a pensar un mundo que sigue siendo tan complejo como él intentó explicar durante más de cien años de vida.